New York Fashion Week S/S 2014: Marc By Marc Jacobs

collage

A Marc by Marc Jacobs programa de hoy, había niñas cuyos cabellos lacios estaban atrapados en la garganta por bufandas anudadas. Bufandas de los chicos, por su parte, perdían prolijamente planchada de sus bolsillos traseros. Llevaban selecciones de la guitarra al cuello, las niñas tenían anillos de sello. Hubo un gran énfasis en el brillo: Lurex, satén, estrellas de lentejuelas y entrenadores metálicos usados ​​con todo. Y había una atractiva calidad aplicado a todo: a la parte superior de satén lavada y pantalones cortos, un juego con la languidez de pijama, un abrigo de piel metálica arrugada, una cazadora de cuero de plata. Como de costumbre, el estilo de Jacobs y su equipo evidenció un instinto incomparable para look-a-me-lo-diferente apelación adolescente, mientras que al mismo tiempo que reconoce que la necesidad de pertenecer tribal significa individualidad genuina es una forma de ficción. Los niños y las niñas lucían los mismos trajes, los mismos zapatos. Puntos de diferencia-como el vestido del tanque de lentejuelas larga usada por Julia Nobis o MJ letterman jacket-sólo confirmó la agudeza psicológica de la víctima. Casi se podría desea que se trataba de principios de los ochenta, que la nueva ola seguía cresting, y que Martha Coolidge estaba buscando ropa para su primera película.

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At the Marc by Marc Jacobs show today, there were girls whose lank tresses were snared at the throat by knotted scarves. The boys’ scarves, on the other hand, trailed neatly ironed from their back pockets. They wore guitar picks around their necks; the girls had signet rings. There was a huge emphasis on shine: Lurex, satin, sequined stars, and metallic trainers worn with everything. And there was an attractive used quality to it all: a washed satin top and shorts, a suit with the languor of pajamas, a coat in crinkly metallic leather, a silver leather bomber jacket. As usual, the styling of Jacobs and his team evinced a peerless instinct for look-at-me-I’m-different teen appeal, while at the same time acknowledging that the tribal need to belong means genuine individuality is a fashion fiction. Boys and girls sported the same suits, the same shoes. Points of difference—like the long sequined tank dress worn by Julia Nobis or the MJ letterman jacket—only confirmed the psychological acuity of the offering. You could almost wish that it was the early eighties, that New Wave was still cresting, and that Martha Coolidge was looking for clothes for her first movie.

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