New York Fashion Week S/S 2014: Narciso Rodriguez

collage

La primera cosa que noté fue la proporción nueva. Narciso Rodríguez trajo los dobladillos de hasta la mitad del muslo, a veces más, en su magnífico espectáculo esta noche con algo ha doblado la “falda de medio”. Un híbrido, el panel frontal envuelve sólo parcialmente alrededor, revelando el aseado (y, vamos a llamarles lo que son, protección contra el pudor) shorts debajo. Solución de problemas no es sexy, pero es una clave para el éxito de Rodriguez; Nunca se olvida de equilibrar el deseo con la practicidad.

Hubo más pasando aquí, sin embargo, que los minis.Mientras la silueta general era bastante plana y simple, una por una las piezas fueron puestas juntos en formas complicadas. Un cambio sin mangas fue cosido de geométricas rebanadas de pasteles brocados, y un slipdress blanco fue compuesta de paneles de crepe de seda pura y opaco. El punto crucial es: nada parecía agotado; por el contrario, hubo una verdadera sensualidad.
Tal vez la ropa que mejor transmitía era los tres slipdresses al final. Desde una distancia que se leen como una huella, o tal vez como el dévorés que llegaron antes que ellos, pero como el modelo nos dio por vieron que los diseños en realidad estaban adheridos a la seda. Rodríguez lo llamó “un nuevo tipo de encaje”, y los vestidos eran bastante sublimes.Confección ha sido una parte importante de la historia en las dos últimas colecciones de Rodriguez. No fue el evento principal aquí, pero no obstante fue inventiva. Una chaqueta de lana blanca sin cuello con un negro profundo en el dobladillo de la inserción fue afilada y gráfico — casi perfecto.

 

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The first thing you noticed was the new proportion.Narciso Rodriguez brought hems up to the mid-thigh, sometimes higher, at his terrific show tonight with something he’s dubbed the “half-skirt.” A hybrid, its front panel wraps only partway around, revealing the neat (and, let’s call them what they are, modesty-protecting) shorts underneath. Problem solving isn’t sexy, but it’s a key to Rodriguez’s success; he never forgets to balance desire with practicality. There was more going on here, though, than minis.

While the overall silhouette was quite flat and simple, one by one the pieces were put together in complicated ways. A sleeveless shift was stitched from geometric slices of pastel brocades, and a white slipdress was composed from panels of sheer silk and opaque crepe. The crucial point is: Nothing looked overworked; on the contrary, there was a real sensuality. Perhaps the clothes that best conveyed that were the three slipdresses at the end. From a distance they read like a print, or maybe like the dévorés that came before them, but as the model breezed by you saw that the designs were actually bonded to the silk. Rodriguez called it “a new kind of lace,” and the frocks were fairly sublime.

Tailoring has been a big part of the story at Rodriguez’s last two collections. It wasn’t the main event here, but it was nonetheless inventive. A collarless white wool jacket with a deep black inset at the hem was sharp and graphic—just about perfect.

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